Lo que sí cuestiono es, que ese Estado, en el
momento en que necesito su protección, pretenda enviarme a mi casa con una pensión de miseria, pues a
pesar de que lo que me quede de vida no me alcanzaría para completar las
cotizaciones requeridas, mi ingreso al sistema no es considerado tardío, no
tenia 45 años, dos años hacen la diferencia y por tanto ni puedo ingresar al
sistema de reparto por el Ministerio Hacienda y obtener por lo menos un 60% de
mi último salario, ni puedo retirar los
fondos acumulados en la AFP. Debo conformarme entonces con una pensión de menos
de 11,000.00 pesos mensuales y un seguro
médico SENASA subsidiado?
Lo que sí cuestiono es, que ese Estado, en vez
de ser garante de mi derecho a la igualdad, me discrimine haciendo diferencia entre
empleomanía pública y privada, negando en lo público los beneficios de que se
goza en lo privado, cuando legisla poniendo límites y plazos para obtener las
indemnizaciones que al sector privado se le exige, prevaleciéndose incluso de
sus propias fallas, para perjudicar al servidor
o servidora pública, cuando a través del MAP evacua resoluciones en las
que hoy se apoyan las nuevas autoridades para negarle derechos a los empleados
con cargos de carrera que ingresaron después del 2008, a quienes el MAP debió
evaluar y no lo hizo y como era más fácil “joder” al empleado que hacer su
trabajo, el MAP optó por lo primero.
Aunque de alguna forma he influido y
propiciado el empoderamiento económico de otras personas, la verdad es que nunca
dediqué mi tiempo a producir y acumular dinero para mí, no creo que esa sea la
finalidad de mi existencia en este plano, a pesar de ello he vivido en
abundancia, mis necesidades han sido cubiertas -“No es más rico quien más
tiene, sino quien menos necesita”- soy una mujer de retos y como tal asumo éste,
como una oportunidad para desarrollar mi potencial y por fin echar a andar
tantas ideas y proyectos engavetados por años, pero y qué
de aquellos que a esta edad no disponen de las mismas oportunidades y que a
pesar de haber dedicado sus vidas a servirle al Estado, hoy se van al retiro forzado,
condenados a vivir en la pobreza, con una pensión de miseria y un seguro médico
subsidiado que solo aceptan los hospitales públicos? Valió la pena o cometimos
un error?
Esther
Morillo,
Ex
- empleada pública

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