SERVIRLE AL ESTADO, UN ERROR?

 


Me formé para ser servidora pública, he dedicado mucho tiempo, esfuerzo y dinero a capacitarme para dar un servicio de excelencia en los cargos públicos que me ha tocado desempeñar, cargos que tal vez en remuneración monetaria no compensaban la entrega y sacrificio requeridos, pero sí en el aprendizaje, experiencias y satisfacción que aportaron a mi vida.

19 años después y  a meses de haber cumplido los 60, ese Estado al que serví, simplemente me desecha, no por vieja, no por incapaz, sino por razones de incompatibilidad política, lo cual no puedo cuestionar, pues a excepción del cargo que ocupé en el periodo Reformista, los demás cargos a que tuve acceso, no fue por mi capacidad ni mi preparación, aunque sí las tuviera, sino precisamente por un vínculo político, justo es entonces dejar el espacio  para que lo ocupen nuevos inquilinos. Aspiramos a un Estado tan justo y moderno, que el acceso al empleo público no dependa de una afiliación política, pero es nuestra realidad hoy y estoy consciente de que la promesa de cambio no podrá llegar tan lejos, ni puedo exigírselo si quienes estaban llamados a propiciar la transformación, a pesar de haber creado la base legal, no lo hicieron.

Lo que sí cuestiono es, que ese Estado, en el momento en que necesito su protección, pretenda enviarme  a mi casa con una pensión de miseria, pues a pesar de que lo que me quede de vida no me alcanzaría para completar las cotizaciones requeridas, mi ingreso al sistema no es considerado tardío, no tenia 45 años, dos años hacen la diferencia y por tanto ni puedo ingresar al sistema de reparto por el Ministerio Hacienda y obtener por lo menos un 60% de mi último salario, ni puedo retirar los fondos acumulados en la AFP. Debo conformarme entonces con una pensión de menos de 11,000.00  pesos mensuales y un seguro médico SENASA subsidiado?

Lo que sí cuestiono es, que ese Estado, en vez de ser garante de mi derecho a la igualdad, me discrimine haciendo diferencia entre empleomanía pública y privada, negando en lo público los beneficios de que se goza en lo privado, cuando legisla poniendo límites y plazos para obtener las indemnizaciones que al sector privado se le exige, prevaleciéndose incluso de sus propias fallas, para perjudicar al servidor  o servidora pública, cuando a través del MAP evacua resoluciones en las que hoy se apoyan las nuevas autoridades para negarle derechos a los empleados con cargos de carrera que ingresaron después del 2008, a quienes el MAP debió evaluar y no lo hizo y como era más fácil “joder” al empleado que hacer su trabajo, el MAP optó por lo primero.

Aunque de alguna forma he influido y propiciado el empoderamiento económico de otras personas, la verdad es que nunca dediqué mi tiempo a producir y acumular dinero para mí, no creo que esa sea la finalidad de mi existencia en este plano, a pesar de ello he vivido en abundancia, mis necesidades han sido cubiertas -“No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”- soy una mujer de retos y como tal asumo éste, como una oportunidad para desarrollar mi potencial y por fin echar a andar tantas ideas y proyectos engavetados por años, pero  y qué de aquellos que a esta edad no disponen de las mismas oportunidades  y que  a pesar de haber dedicado sus vidas a servirle al Estado, hoy se van al retiro forzado, condenados a vivir en la pobreza, con una pensión de miseria y un seguro médico subsidiado que solo aceptan los hospitales públicos? Valió la pena o cometimos un error?

Esther Morillo,

Ex - empleada pública

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